El consejero delegado de OpenAI, Sam Altman, ha lanzado una advertencia poco habitual en alguien que durante años ha hablado de la IA en términos casi trascendentales: le resulta «muy incómodo» que la gente atribuya una fuerza religiosa a los modelos de IA o que renuncie a su propio juicio en favor de ellos, y lo califica de «problema real de seguridad». Lo dijo en una publicación en X el 3 de octubre, en un momento en que el debate sobre IA y religión ha ganado visibilidad.
Qué dijo exactamente
Según la cobertura de su mensaje, Altman expresó su incomodidad ante los intentos de dar a la IA una dimensión religiosa o de confiar en los sistemas de IA en lugar de en la toma de decisiones humana, y lo describió como una cuestión de seguridad. Altman no especificó qué motivó la publicación, de modo que cualquier vínculo concreto con otros acontecimientos es una interpretación y no algo que él haya confirmado.
El contexto inmediato
Sus declaraciones llegan días después de que The New York Times publicara un reportaje detallado sobre las reuniones de Chris Olah, cofundador de Anthropic, con líderes religiosos para hablar de cuestiones de IA y moralidad. También siguen a una declaración del papa León XIV en la que afirmó que «los algoritmos carecen de la chispa de la humanidad». OpenAI, por su parte, también ha mantenido conversaciones con líderes religiosos, según señala la cobertura.
Un giro respecto a su propio lenguaje anterior
Lo llamativo es el contraste con el pasado. En 2023 y 2024, el propio Altman habló de que el objetivo de OpenAI era construir «inteligencia mágica en el cielo», y dijo que esperaba estar del lado de Dios y que sentía estar «del lado de los ángeles» al trabajar en IA. También ha dicho repetidamente que su meta es una IA al nivel de la película de ciencia ficción «Her», es decir, profundamente humanizada. Un análisis crítico de sus publicaciones de 2025 llegaba a hablar de un tono «mesiánico» en algunos de sus textos.
Por qué lo considera un riesgo
El argumento de fondo tiene lógica propia: si las personas empiezan a tratar a un modelo como una autoridad moral o espiritual, pueden delegar en él decisiones que deberían seguir siendo humanas, y eso cambia la naturaleza del riesgo, que deja de ser solo técnico para volverse social. En una entrevista con Axios un mes antes, Altman ya había insistido en que quería que su empresa se viera como «muy responsable» y en que «las personas deben dirigir el futuro, no la IA».
Una paradoja que conviene señalar
Hay una tensión evidente: las empresas de IA han alimentado durante años un discurso grandioso sobre sus productos, y ahora sus directivos piden prudencia ante las interpretaciones casi religiosas de esos mismos productos. Que ese cambio de tono coincida con un momento de mayor escrutinio, con salidas de personal de seguridad y una posible salida a bolsa, es algo que cada lector puede valorar por sí mismo; las fuentes consultadas no establecen una relación causal.
Qué implica en la práctica
- Para el debate público: pone sobre la mesa la pregunta de qué autoridad es razonable conceder a un sistema de IA y dónde debe acabar la delegación.
- Para las empresas del sector: sugiere que el lenguaje con el que se presenta la tecnología, más o menos grandioso, tiene consecuencias en cómo la usa la gente.
- Para los usuarios: refuerza una idea sencilla: un asistente es una herramienta, y las decisiones importantes siguen siendo responsabilidad de quien las toma.
Nuestra lectura
Que el responsable de una de las mayores empresas de IA advierta contra la veneración de la IA es una buena noticia en el fondo, aunque llegue tarde y desde alguien que ayudó a crear ese clima. El mensaje que merece conservarse no depende de quién lo diga: un modelo puede ser muy útil y aun así no sustituir el criterio humano, y confundir ambas cosas es, como dice Altman, un problema de seguridad.
Fuentes: The Decoder, Storyboard18 y Axios.