Kakul Srivastava, consejera delegada de Splice, la plataforma de muestras de sonido que utilizan innumerables productores musicales, ha dicho que los correos y documentos escritos con IA empobrecen las conversaciones de trabajo. Lo afirmó en un cuestionario que, según recogen varios medios, se publicó esta semana, y su argumento es sencillo: cuando no puedes saber si hay una persona detrás de las palabras, la conversación que se genera alrededor cambia, y a peor. No es una noticia de producto ni de cifras, sino una opinión de alguien con experiencia en el cruce entre tecnología y creatividad, y como tal conviene leerla.
La cita central
Según el texto citado por la cobertura, Srivastava distingue dos situaciones. Cuando un documento se siente escrito por una persona, el debate que provoca es de una clase. Cuando podría haberlo escrito cualquiera, o cualquier cosa, la conversación es otra: «una conversación distinta y peor». Añade que «no se puede volver atrás» de eso, y compara la situación con la de la música: lo mismo ocurre, sostiene, con las canciones.
Por qué lo dice, según ella
Splice es una empresa «remote-first», es decir, sin oficinas como centro de trabajo, así que, como explica Srivastava, no existe el pasillo donde se charla. Lo que existe es alguien que piensa algo, lo escribe y un grupo que lo discute. Por eso se muestra cuidadosa con los documentos escritos por IA: en un equipo distribuido, el texto escrito es el lugar donde ocurre el pensamiento compartido, y si deja de ser reconocible como pensamiento de alguien, el intercambio pierde valor.
Quién es la voz
Srivastava dirige Splice desde hace más de cinco años y antes ocupó puestos directivos en Flickr, Yahoo, GitHub y Adobe, un recorrido que la ha situado en la intersección entre Silicon Valley y los creadores. En Splice ha ampliado la presencia de la plataforma, por ejemplo con la compra de Spitfire Audio, y ha supervisado su incursión en la IA generativa. Las muestras de la plataforma han aparecido en grandes éxitos pop, lo que da una idea de su peso en la industria musical.
Una postura coherente con su trayectoria
No es la primera vez que expresa algo parecido. El año pasado, en un episodio del podcast Decoder, se mostró muy crítica con el tipo de IA «pulsa un botón y obtén una canción» que ha hecho polémicas a compañías como Suno. Splice ha apostado, en cambio, por productos de IA que mantienen al ser humano en el centro del proceso creativo, como herramientas generativas para personalizar muestras hechas por personas, y ha anunciado colaboraciones con grandes discográficas para crear herramientas de IA pensadas para artistas. La coherencia entre su discurso interno y su estrategia de producto es lo que da peso a la declaración.
El matiz: una opinión, no una evidencia
Conviene separar lo que es una convicción de lo que es un hallazgo. La afirmación de que los textos con IA empeoran las conversaciones es una intuición razonable y compartida por otros directivos, pero no se apoya aquí en un estudio concreto. Hay evidencias de que los lectores a veces rechazan textos que perciben como automatizados, aunque el efecto depende del contexto y de si se avisa del uso de IA. Además, algunos medios de bajo rigor que repiten la noticia han añadido recomendaciones y detalles que no proceden de la entrevista, por lo que aquí nos limitamos a lo que recogen las fuentes originales.
Qué implica en la práctica
- Para equipos remotos: plantea una pregunta útil: en qué documentos importa que se note la voz de una persona, por ejemplo propuestas, decisiones o feedback, y en cuáles basta con eficiencia.
- Para empresas creativas: refuerza la línea de quienes quieren IA como herramienta de apoyo, no como sustituto del criterio creativo.
- Para cualquiera que escriba con IA: una práctica sencilla es revisar y reescribir lo generado hasta que refleje lo que realmente piensas, y ser transparente cuando el texto se ha redactado con ayuda.
Nuestra lectura
El comentario de Srivastava interesa menos por su dramatismo que por su lógica de fondo: la comunicación escrita funciona porque suponemos que hay una intención humana detrás. Si esa suposición se debilita, cambia la confianza con la que respondemos. No significa que no deba usarse la IA para redactar, sino que quizá haya que decidir explícitamente dónde se usa y dónde no, un debate que muchas organizaciones todavía no han abordado.
Fuentes: Jingletree, Ecosistema Startup y NewsBytes.