Nueva York vivió la semana del 21 de septiembre dos citas simultáneas: la Asamblea General de la ONU y la Semana del Clima, a la que acudieron más de 100.000 personas, según The Innovator. Y el tema que cruzó casi todas las conversaciones fue la inteligencia artificial. El debate se movió en dos vías: en la Asamblea, los riesgos de seguridad de la IA; en la Semana del Clima, su huella de energía y agua. El resultado, según MIT Technology Review, es que buena parte del sector climático mira la IA con escepticismo, en el mejor de los casos.
Qué se dijo en lo más alto
El secretario general de la ONU, António Guterres, conectó ambos asuntos en su discurso del primer día: la IA podría ayudar a resolver estos retos o empeorarlos. Guterres ha llegado a citar la IA descontrolada como una de tres amenazas existenciales, junto con la crisis climática y las desigualdades, según The Innovator. Simon Stiell, responsable de clima de la ONU, fue más duro en su discurso en la Semana del Clima: dijo que una IA que devora energía está elevando la contaminación de carbón, petróleo y gas y encareciendo la energía para hogares y empresas. Según MIT Technology Review, también advirtió de que los líderes de la IA tienen cada vez menos licencia social, y de que su apoyo público se hunde.
La paradoja, con cifras
- Las promesas: la IA puede ayudar a optimizar redes eléctricas y mejorar la predicción meteorológica, y la inversión de capital riesgo en tecnología climática alcanzó 26.000 millones de dólares en el primer semestre de 2026, según Currence, con una parte muy grande destinada a servicios para centros de datos.
- El coste: según The Innovator, gigantes como Microsoft, Google y Meta han fijado objetivos de emisiones ambiciosos, pero todos han visto subir sus emisiones, en buena parte por los centros de datos de IA. Según MIT Technology Review, mucho gas natural entra en servicio para atender la demanda inmediata, lo que alimenta la protesta local por la contaminación y el ruido.
- El horizonte: AP recoge una estimación según la cual los centros de datos estarían a unos cinco años de ser neutros en agua y a unos diez de dejar de sumar emisiones que calientan el planeta. Es una previsión, no un hecho.
Respuestas de la industria y de los gobiernos
En la víspera de la Semana del Clima, la empresa Emerald AI anunció con Nvidia y Google la AI Energy Management Alliance, una coalición que pretende demostrar que los centros de datos pueden gestionar su consumo eléctrico de forma dinámica. Turquía, anfitriona de las negociaciones climáticas de la ONU en noviembre, anunció un compromiso para que los países gestionen la alimentación y el despliegue de la IA, sin dar más detalles. Hubo además varias protestas relacionadas con la IA durante la semana.
Lo que no está resuelto
Que un debate ocupe titulares no significa que haya acuerdos. AP recuerda que cada año la Semana del Clima genera mucha conversación y poca acción, y que esta vez influyen dos fuerzas nuevas: el auge de la IA y los centros de datos, y los precios más altos de los combustibles fósiles por las guerras de Irán y Ucrania. Tampoco está claro cuánto de la promesa climática de la IA es real: como resume una cobertura, su credibilidad dependerá de qué ocurra detrás de la pantalla, cuánta energía usan los centros de datos, cómo se genera y si el público ve un beneficio climático real.
Qué implica en la práctica
- Para las empresas de IA: mayor presión para medir y publicar su consumo y sus emisiones, y para demostrar beneficios climáticos.
- Para los reguladores: se acumulan las respuestas locales, como la ley californiana que obliga a los centros de datos a pagar sus costes de red.
- Para los ciudadanos: la factura y la contaminación cercanas a los centros de datos se convierten en asuntos políticos.
Nuestra lectura
La conclusión más honesta es que las dos afirmaciones, que la IA puede ayudar contra el cambio climático y que su infraestructura lo agrava, son ciertas a la vez, y que la discusión de fondo es de balance: cuánto ahorro real aporta frente a cuánta demanda añade. Mientras no haya cifras verificables de ambos lados, seguirá siendo un debate de promesas. Es el mismo nudo que ya vimos con el consumo energético de los agentes de IA, y que enlaza con el discurso optimista de Jensen Huang sobre la IA como aliada del clima.
Fuentes: MIT Technology Review, AP (Broadband Breakfast), The Innovator y Artiverse.
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